Fundación Memoria del Holocausto
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Testimonio de una sobreviviente del Ghetto de Varsovia

Eugenia Unger

La experiencia de la sobreviviente en su visita a la comunidad de Panamá.

Jóvenes de la Comunidad de Panamá

Mi adolescencia transcurrió en el Ghetto de Varsovia. Se vivían los últimos días de la llamada “Solución Final”. Eramos cuatro hermanos, dos mujeres y dos varones; a Renia y David no los veíamos desde hacía un tiempo, habían desaparecido; seguramente asesinados en la lucha diaria por la supervivencia en el Ghetto o quizás habían sido deportados a los campos de la muerte. Desde nuestro confinamiento en el Ghetto, las matanzas eran habituales, lo que convertía a nuestros días en una agonía y un martirio.

A veces quisiera no recordar, borrando de mi memoria estas y otras tantas imágenes de horror que me atraviesan de dolor y pena y que aún hoy desgarran mi ser. Los mayores se escondían en los bunkers mientras que los jóvenes como Mordejai Anilevich, Antek Zuckerman, Teperman, Tzivia Lubetkin y otros, formaron grupos y lucharon con coraje y mucho valor por nuestra dignidad y la del pueblo judío que estaba siendo denigrado y aniquilado. Hoy nos podemos sentir llenos de orgullo por el ejemplo heroico que nos legaron. Eran adolescentes de 14 a 20 años. Mi hermano Ygnasz, formaba parte de esos grupos de valientes. Un día, entró corriendo al bunker, alertándonos que los nazis nos ordenaban, mediante afiches pegados en las calles, que al día siguiente debíamos presentarnos en un área de aproximadamente 10 cuadras.

Ese día, Ygnasz decidió no reunirse con su grupo de lucha, para quedarse con nosotros, los únicos que, de toda la familia, quedábamos en ese momento vivos y nos sugirió que desoyéramos la orden. Recuerdo la escena: estábamos mis padres, él y yo, tomados fuertemente de las manos, y así abrazados permanecimos por un tiempo, temblando como hojas al viento. En un momento Ygnasz nos dijo que no debíamos tener miedo, que nos defendiéramos con los precarios elementos de lucha que consiguiésemos, que debíamos pelear con valor y dignidad hasta el final. Así estuvimos todo el día que nos pareció eterno; los nazis no aparecieron porque estaban abocados a matanzas callejeras. Al anochecer volvimos al bunker, sin mi madre, que sorpresivamente había desaparecido. Éste, que resultó el último bunker, era originariamente la panadería donde se horneaba el pan y que compartíamos con 14 personas. Al día siguiente, llegaron los nazis, quienes arrojaron gases dentro de nuestro escondite mientras nos ordenaban que saliéramos con los brazos en alto. Así fuimos obligados a caminar hasta el Umschlagplatz del Ghetto, lugar donde se reunía a los prisioneros previo a su traslado a los campos de exterminio. En el transporte me reencontré con mi madre, pero a mi padre y a mi hermano Ygnasz nunca más los volví a ver. A pesar de haber pasado 60 años, estas imágenes se me presentan con tanta fuerza, que me parece estar reviviendo esos terribles momentos.

Mi nombre es Genia Rotsztejn de Unger, soy una sobreviviente del Holocausto y ésta es sólo una de las tantas experiencias que desgraciadamente me tocaron vivir. Anhelo que esta trágica experiencia de la Shoá sirva para que no se repitan más las matanzas de los hombres en el mundo entero.


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