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21 > Artículo
Testimonio de
una sobreviviente del Ghetto de Varsovia
Eugenia Unger
La experiencia
de la sobreviviente en su visita a la comunidad de Panamá.
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Jóvenes
de la Comunidad de Panamá |
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Mi adolescencia transcurrió en el Ghetto de
Varsovia. Se vivían los últimos días de la llamada
“Solución Final”. Eramos cuatro hermanos, dos mujeres
y dos varones; a Renia y David no los veíamos desde hacía
un tiempo, habían desaparecido; seguramente asesinados en la lucha
diaria por la supervivencia en el Ghetto o quizás habían
sido deportados a los campos de la muerte. Desde nuestro confinamiento
en el Ghetto, las matanzas eran habituales, lo que convertía a
nuestros días en una agonía y un martirio.
A veces quisiera no recordar, borrando de mi memoria estas y otras tantas
imágenes de horror que me atraviesan de dolor y pena y que aún
hoy desgarran mi ser. Los mayores se escondían en los bunkers mientras
que los jóvenes como Mordejai Anilevich, Antek Zuckerman, Teperman,
Tzivia Lubetkin y otros, formaron grupos y lucharon con coraje y mucho
valor por nuestra dignidad y la del pueblo judío que estaba siendo
denigrado y aniquilado. Hoy nos podemos sentir llenos de orgullo por el
ejemplo heroico que nos legaron. Eran adolescentes de 14 a 20 años.
Mi hermano Ygnasz, formaba parte de esos grupos de valientes. Un día,
entró corriendo al bunker, alertándonos que los nazis nos
ordenaban, mediante afiches pegados en las calles, que al día siguiente
debíamos presentarnos en un área de aproximadamente 10 cuadras.
Ese día, Ygnasz decidió no reunirse con su grupo de lucha,
para quedarse con nosotros, los únicos que, de toda la familia,
quedábamos en ese momento vivos y nos sugirió que desoyéramos
la orden. Recuerdo la escena: estábamos mis padres, él y
yo, tomados fuertemente de las manos, y así abrazados permanecimos
por un tiempo, temblando como hojas al viento. En un momento Ygnasz nos
dijo que no debíamos tener miedo, que nos defendiéramos
con los precarios elementos de lucha que consiguiésemos, que debíamos
pelear con valor y dignidad hasta el final. Así estuvimos todo
el día que nos pareció eterno; los nazis no aparecieron
porque estaban abocados a matanzas callejeras. Al anochecer volvimos al
bunker, sin mi madre, que sorpresivamente había desaparecido. Éste,
que resultó el último bunker, era originariamente la panadería
donde se horneaba el pan y que compartíamos con 14 personas. Al
día siguiente, llegaron los nazis, quienes arrojaron gases dentro
de nuestro escondite mientras nos ordenaban que saliéramos con
los brazos en alto. Así fuimos obligados a caminar hasta el Umschlagplatz
del Ghetto, lugar donde se reunía a los prisioneros previo a su
traslado a los campos de exterminio. En el transporte me reencontré
con mi madre, pero a mi padre y a mi hermano Ygnasz nunca más los
volví a ver. A pesar de haber pasado 60 años, estas imágenes
se me presentan con tanta fuerza, que me parece estar reviviendo esos
terribles momentos.
Mi nombre es Genia Rotsztejn de Unger, soy una sobreviviente del Holocausto
y ésta es sólo una de las tantas experiencias que desgraciadamente
me tocaron vivir. Anhelo que esta trágica experiencia de la Shoá
sirva para que no se repitan más las matanzas de los hombres en
el mundo entero.
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