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20 > Artículo
Vida cultural
en los campos nazis de mujeres*
Lic. María
Gabriela Vasquez
Reflexiones
sobre diferentes manifestaciones culturales en los campos de concentración.
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| Mujeres
en el campo de concentración de Auschwitz |
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La vida cultural en los campos de trabajo y exterminio
ha representado un fenómeno singular en la Historia de la civilización(1).
Los nazis prohibieron cualquier tipo de actividades artísticas
o literarias; sin embargo, éstas existieron y dieron “vida”
a las mujeres que se encontraban en aquellos lugares. El refugio en la
cultura era una manera de seguir siendo personas y resistirse a ser convertidas
en simples números u objetos.
Las expresiones artísticas en los campos, entonces, han sido y
lo son actualmente, de un gran valor humano, mucho más que puramente
estético debido a que han mostrado cómo las personas, aun
en las condiciones más adversas y extremas, han sido capaces de
dejar libre el espíritu para crear y emocionarse con las cosas
más pequeñas. Tzvetan Todorov, en su excelente libro titulado
Frente al límite(2), se ocupa de reflexionar sobre la
moral a partir de las experiencias extremas vividas en los campos de concentración.
Y examina en detalle lo que él mismo llama las “virtudes
cotidianas” que se veían y vivían a diario, esto es,
la dignidad, el cuidado por los demás y la actividad del espíritu.
Aunque las condiciones de vida eran inhumanas, hubo, a pesar de todas
las dificultades, un pequeño “gran” espacio en la vida
cotidiana de las prisioneras para la literatura, el arte y la música.
No era necesario ser artista o intelectual de profesión, todas
y cada una fueron capaces de ser felices por unos instantes al componer
unos versos sencillos, tararear una canción o simplemente contemplar
una puesta de sol y admirar la naturaleza. En aquellos breves momentos,
esas mujeres eran libres, se sentían vivas, con capacidad para
regocijarse nuevamente.
Tomemos algunos ejemplos. La música, en general, estuvo presente
en los campos y en el interior de cada una de las prisioneras. Algunas
de buena voz eran invitadas a cantar en las barracas para alegrar a sus
compañeras. Otras, en cambio, sabían tocar instrumentos
y se organizaron en pequeños grupos; uno de los casos más
conocidos fue el de la orquesta femenina dirigida por la violinista Alma
Rose, en Birkenau. “La música es, ciertamente (...) –recuerda
Fania Fénelon-, la mejor y la peor de las cosas. La mejor: devora
el tiempo, procura el olvido, a la manera de una droga, de la que se sale
atontado, ablandado ... La peor, porque nuestro público son ellos,
los asesinos; son ellas, las víctimas ...”(3).
La lectura también tuvo su espacio. Charlotte Delbo, por citar
otro ejemplo, compró en una ocasión un pequeño libro
con la ración de pan del día. Lo pagó a muy alto
precio porque en los campos, el alimento era, sin duda, uno de los bienes
más preciados; sin embargo, valía la pena, no quizá
por el libro en particular sino por la experiencia misma de poder leer.
“Lo importante –anota con acierto Todorov- no es que el libro
transmita tal o cual mensaje sino la existencia misma de la belleza que
se encarna en esos libros y la experiencia de libertad de espíritu
que se experimenta al ponerse en comunicación con los creadores
y, a través de ellos, con lo universal.”(4)
Pequeñas reuniones para hablar sobre diversos temas culturales
ocupaban los breves momentos de descanso de muchas prisioneras. Milena
Jesenska y Margarete Buber-Neumann solían concertar encuentros
secretos donde la literatura era el centro de la conversación debido
a que pensaban que “(...) el espíritu constituye una isla,
pequeña pero segura, en el centro mismo de un mar de miseria y
desolación.”(5) Había también artistas
entre las prisioneras, como fue el caso de la joven pintora polaca Miszka,
quien no perdió sus deseos de pintar aun en las situaciones más
adversas. Otras, más que dibujar, preferían regocijarse
con obras maestras: Milena Jesenska había recortado de un periódico
una reproducción de Bruegel y la había pegado en la pared
para contemplarla a diario. Es decir, la música, los dibujos, artesanías
sencillas y pequeños recortes de cuadros famosos transportaban
a estas mujeres a otro mundo, un mundo añorado de cosas bellas.
Acerca de lo que impulsó a escribir y crear en los campos nazis,
Najman Blumental opina que el torrente de vivencias y el afán de
dejar un rastro, un recuerdo tangible llevó a hombres mujeres y
aun niños a componer; era el anhelo de perpetuar la memoria colectiva(6).
Durante el trabajo o los escasos ratos libres, las mujeres escribían
poemas en pequeños trozos de papel y los memorizaban inmediatamente
por miedo a ser descubiertas o a perder el papelito. Malka Owsiany, por
ejemplo, escribió un poema titulado “Fluyen lágrimas”
estando en Kielce, que refiere su encuentro con mujeres que “habían
renunciado a pensar y que, cansadas por el hambre y la sed, sólo
querían poner fin a su penuria”.(7) Moshé
Korin dice al respecto: “El poema alberga un sentimiento límite
(...), el sujeto que está al borde de la agonía, escribe.
Es decir, crea. De modo que no sólo hay que ver un sentido en las
palabras del poema sino también en el mismo acto de su creación
(...)”.(8) Esta joven polaca trajo consigo a la Argentina
una recopilación de poesías escritas por ella misma y por
su entrañable amiga Rushe Laks, quien siendo prácticamente
una niña componía versos en un campo de concentración.
Todavía hoy Malka conserva esas poesías de aquellos años,
las lee a sus familiares y las cuida como un preciado tesoro. Los poemas,
en general, evocaban tiempos pasados o la vida diaria en el campo. Algunos
sobrevivieron anónimos, otros, en cambio, lo hicieron junto al
nombre de su autora.
* Este Artículo forma parte de un trabajo más
extenso titulado “Las mujeres y la Shoá”. Mendoza,
2001 (inédito).
Bibliografía
1 Karay, Felicja. “The social and cultural life of the prisoners
in the Jewish forced labor camp at Skarzysko- Kamienna”. En: Holocaust
and genocide studies. Londres, Oxford University Press, vol. 8, n. 1,
primavera de 1994.
2 Todorov, Tzvetan. Frente al límite. México, Siglo XXI,
1993.
3 Fénelon, Fania, citada por Todorov, Tzvetan. op. cit., p. 107.
4 Todorov, Tzvetan. op. cit., p. 99.
5 Buber-Neumann, Margarete, citada por Todorov, Tzvetan. op. cit., p.
101.
6 Citado por Turkow, Mark en: Malka Owsiany relata. Buenos Aires, Milá,
2001, p. 204.
7 Owsiany, Malka. Fluyen lágrimas. En: Turkow, Mark. op. cit.,
p. 8.
8 Korin, Moshé, citado por Turkow, Mark. op. cit., p. 8.
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