Fundación Memoria del Holocausto
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Vida cultural en los campos nazis de mujeres*

Lic. María Gabriela Vasquez

Reflexiones sobre diferentes manifestaciones culturales en los campos de concentración.

Mujeres en el campo de concentración de Auschwitz

La vida cultural en los campos de trabajo y exterminio ha representado un fenómeno singular en la Historia de la civilización(1). Los nazis prohibieron cualquier tipo de actividades artísticas o literarias; sin embargo, éstas existieron y dieron “vida” a las mujeres que se encontraban en aquellos lugares. El refugio en la cultura era una manera de seguir siendo personas y resistirse a ser convertidas en simples números u objetos.

Las expresiones artísticas en los campos, entonces, han sido y lo son actualmente, de un gran valor humano, mucho más que puramente estético debido a que han mostrado cómo las personas, aun en las condiciones más adversas y extremas, han sido capaces de dejar libre el espíritu para crear y emocionarse con las cosas más pequeñas. Tzvetan Todorov, en su excelente libro titulado Frente al límite(2), se ocupa de reflexionar sobre la moral a partir de las experiencias extremas vividas en los campos de concentración. Y examina en detalle lo que él mismo llama las “virtudes cotidianas” que se veían y vivían a diario, esto es, la dignidad, el cuidado por los demás y la actividad del espíritu. Aunque las condiciones de vida eran inhumanas, hubo, a pesar de todas las dificultades, un pequeño “gran” espacio en la vida cotidiana de las prisioneras para la literatura, el arte y la música. No era necesario ser artista o intelectual de profesión, todas y cada una fueron capaces de ser felices por unos instantes al componer unos versos sencillos, tararear una canción o simplemente contemplar una puesta de sol y admirar la naturaleza. En aquellos breves momentos, esas mujeres eran libres, se sentían vivas, con capacidad para regocijarse nuevamente.

Tomemos algunos ejemplos. La música, en general, estuvo presente en los campos y en el interior de cada una de las prisioneras. Algunas de buena voz eran invitadas a cantar en las barracas para alegrar a sus compañeras. Otras, en cambio, sabían tocar instrumentos y se organizaron en pequeños grupos; uno de los casos más conocidos fue el de la orquesta femenina dirigida por la violinista Alma Rose, en Birkenau. “La música es, ciertamente (...) –recuerda Fania Fénelon-, la mejor y la peor de las cosas. La mejor: devora el tiempo, procura el olvido, a la manera de una droga, de la que se sale atontado, ablandado ... La peor, porque nuestro público son ellos, los asesinos; son ellas, las víctimas ...”(3). La lectura también tuvo su espacio. Charlotte Delbo, por citar otro ejemplo, compró en una ocasión un pequeño libro con la ración de pan del día. Lo pagó a muy alto precio porque en los campos, el alimento era, sin duda, uno de los bienes más preciados; sin embargo, valía la pena, no quizá por el libro en particular sino por la experiencia misma de poder leer. “Lo importante –anota con acierto Todorov- no es que el libro transmita tal o cual mensaje sino la existencia misma de la belleza que se encarna en esos libros y la experiencia de libertad de espíritu que se experimenta al ponerse en comunicación con los creadores y, a través de ellos, con lo universal.”(4)

Pequeñas reuniones para hablar sobre diversos temas culturales ocupaban los breves momentos de descanso de muchas prisioneras. Milena Jesenska y Margarete Buber-Neumann solían concertar encuentros secretos donde la literatura era el centro de la conversación debido a que pensaban que “(...) el espíritu constituye una isla, pequeña pero segura, en el centro mismo de un mar de miseria y desolación.”(5) Había también artistas entre las prisioneras, como fue el caso de la joven pintora polaca Miszka, quien no perdió sus deseos de pintar aun en las situaciones más adversas. Otras, más que dibujar, preferían regocijarse con obras maestras: Milena Jesenska había recortado de un periódico una reproducción de Bruegel y la había pegado en la pared para contemplarla a diario. Es decir, la música, los dibujos, artesanías sencillas y pequeños recortes de cuadros famosos transportaban a estas mujeres a otro mundo, un mundo añorado de cosas bellas.

Acerca de lo que impulsó a escribir y crear en los campos nazis, Najman Blumental opina que el torrente de vivencias y el afán de dejar un rastro, un recuerdo tangible llevó a hombres mujeres y aun niños a componer; era el anhelo de perpetuar la memoria colectiva(6). Durante el trabajo o los escasos ratos libres, las mujeres escribían poemas en pequeños trozos de papel y los memorizaban inmediatamente por miedo a ser descubiertas o a perder el papelito. Malka Owsiany, por ejemplo, escribió un poema titulado “Fluyen lágrimas” estando en Kielce, que refiere su encuentro con mujeres que “habían renunciado a pensar y que, cansadas por el hambre y la sed, sólo querían poner fin a su penuria”.(7) Moshé Korin dice al respecto: “El poema alberga un sentimiento límite (...), el sujeto que está al borde de la agonía, escribe. Es decir, crea. De modo que no sólo hay que ver un sentido en las palabras del poema sino también en el mismo acto de su creación (...)”.(8) Esta joven polaca trajo consigo a la Argentina una recopilación de poesías escritas por ella misma y por su entrañable amiga Rushe Laks, quien siendo prácticamente una niña componía versos en un campo de concentración. Todavía hoy Malka conserva esas poesías de aquellos años, las lee a sus familiares y las cuida como un preciado tesoro. Los poemas, en general, evocaban tiempos pasados o la vida diaria en el campo. Algunos sobrevivieron anónimos, otros, en cambio, lo hicieron junto al nombre de su autora.

* Este Artículo forma parte de un trabajo más extenso titulado “Las mujeres y la Shoá”. Mendoza, 2001 (inédito).

Bibliografía
1 Karay, Felicja. “The social and cultural life of the prisoners in the Jewish forced labor camp at Skarzysko- Kamienna”. En: Holocaust and genocide studies. Londres, Oxford University Press, vol. 8, n. 1, primavera de 1994.
2 Todorov, Tzvetan. Frente al límite. México, Siglo XXI, 1993.
3 Fénelon, Fania, citada por Todorov, Tzvetan. op. cit., p. 107.
4 Todorov, Tzvetan. op. cit., p. 99.
5 Buber-Neumann, Margarete, citada por Todorov, Tzvetan. op. cit., p. 101.
6 Citado por Turkow, Mark en: Malka Owsiany relata. Buenos Aires, Milá, 2001, p. 204.
7 Owsiany, Malka. Fluyen lágrimas. En: Turkow, Mark. op. cit., p. 8.
8 Korin, Moshé, citado por Turkow, Mark. op. cit., p. 8.

 


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