Fundación Memoria del Holocausto
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Testimonio:
Benjamín Rosenberg

En: Mundo Judío. Aurora (Israel)

A los 18 años fue llevado a un campo y su madre le hizo prometer que sobreviviría para contarlo. Escapó de la fila, y no volvío a ver a su familia.

Como otros sobrevivientes del Holocausto, Benjamín Rosenberg aún guarda algunos objetos de aquella tenebrosa época. Lo hace para no olvidar. Para poder mostrarle al mundo lo que allí ocurrió.

Rosenberg, hoy un anciano de casi 80 años, vivió el Holocausto en propia carne. De toda su bancada del colegio sólo él sobrevivió. De toda su familia, unas cincuenta personas, solo él quedó para contarlo, y no con demasiadas pruebas.

Hace ya algún tiempo que Rosenberg se sometió a las fatigosas sesiones del Fondo Spielberg para la documentación del Holocausto, un proyecto del famoso cineasta estadounidense para documentar con el testimonio de las víctimas lo que ya dentro de unos pocos años nadie podrá contar. Quedarán entonces los documentos históricos y las fotografías.

Rosenberg, residente en la localidad de Villa Lynch, en las afueras de Buenos Aires, presenció el levantamiento del Ghetto de Varsovia hace ahora 58 años. Camino de Treblinka, en la fila del tren, su madre le hizo prometer que se salvaría para contar la verdad a todo el mundo.

Tenía apenas 18 años cuando las tropas nazis entraron en Polonia. Vivía en Szydtowiec y a diferencia de muchos de sus vecinos se salvó porque a él no lo enviaron a la fábrica de armamentos de la localidad aledaña, Scarzisco. Allí, entre gases y materiales tóxicos, murió su propia hermana.

Los 17.000 habitantes de Szydtowiec fueron enviados a los campos de exterminio en setiembre de 1942, aunque la familia Rosenberg consiguió ocultarse temporalmente.

Fueron seis días en un refugio para la mitad de las personas que eran, y en más de una ocasión recuerda Rosenberg, "me arrepentí de no haber subido al tren con mis vecinos".

Soldados de la SS no tardaron demasiado tiempo en encontrarlos y enviarlos, junto con otras 5.000 personas, a las cámaras de gas de Treblinka. Rosenberg, no así su familia, escapó de la fila de espera y aunque lo capturaron, tuvo la suerte de perder el tren. Nunca más volvió a ver su familia.

Rosenberg fue enviado a trabajar a las fábricas de Scarzisco donde el destino le hizo pasar sus penalidades pero, por alguna razón, decidió salvarlo.

Con el avance de las tropas rusas por el este, Rosenberg fue trasladado al campo de Buchenwald y diez días después a Bergen Belsen. Dos meses después las puertas del campo se abrían a los aliados.


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