Fundación Memoria del Holocausto
Ir a sección Holocausto Ir a sección Actividades Ir a sección Revista Ir a sección Fundación Ir a sección Contacto

Testimonios:
Etty Hillesum

J. G. Gaarlandt.
Traducción del Italiano: Lidia Assorati.

Es interesante transcribir algunos párrafos del libro Etty Hillesum -Diario 1941-1943- que testimonia su propio fin en un campo de concentración. Hay analogías con el Diario de Ana Frank, si bien en este caso se trata de una muchacha de 27 años.
El libro tuvo gran resonancia en Holanda y es considerado un documento de gran valor. Ha sido traducido al alemán, francés, inglés, noruego, finlandés e italiano, pero lamentablemente aún no hay versión en castellano.

Etty Hillesum

Introducción

De la vida de Etty, antes de la guerra, sabemos bien poco. Su nombre era Ester y había nacido el 15 de enero de 1914 en Middelburg, donde su padre, el doctor L. Hillesum, enseñaba lenguas clásicas. Luego se trasladaron a Tiel, a Winschoten y finalmente, en 1924 se establecieron en Deventer, pequeña ciudad de la Holanda oriental.

El padre de Etty era un estudioso de gran mérito, los libros y la investigación llenaban su vida. Su esposa Rebeca Bernstein, nacida en Rusia, había escapado a Holanda luego del enésimo pogrom. Era una mujer pasional, caótica y distinta del marido en casi todo.

Pese a todo, Etty y sus hermanos Mischa y Jaap, eran muchachos muy inteligentes y dotados. En los años de Deventer la orientación de Etty no estaba todavía bien definida. Era una muchacha brillante, intensa, que tenía la pasión de la lectura y del estudio de la filosofía. Mischa era un músico genial que a los 6 años tocaba Beethoven en público. Para muchos era considerado uno de los pianistas más prometedores de Europa. El más joven, Jaap, a los 17 años descubrió un nuevo tipo de vitamina y esto le permitió ganarse el acceso a todos los laboratorios académicos, cosa insólita en un estudiante de medicina. Más tarde, se recibió de médico. Etty, en Amsterdam, obtuvo su primer diploma en Jurisprudencia, y luego se inscribió en la facultad de Lenguas Eslavas. Cuando comenzó a estudiar psicología, estalló la guerra y su vida comenzó a asumir la fisonomía que entrevemos en estos diarios.

El 15 de julio de 1942, gracias al interés de algunos amigos, Etty encontró trabajo como dactilógrafa en una de las secciones del Consejo Hebraico. Como en otros territorios ocupados, esta organización había nacido bajo la presión de los alemanes y hacía de puente entre los nazis y la población judía.

Desde agosto del ’42 hasta fin de septiembre del ’43, Etty permaneció en Westerbork y trabajó en el hospital local, gracias a un permiso especial de viaje del Consejo Hebraico pudo volver una docena de veces a Amsterdam. Llevaba a la ciudad y –además– a los grupos de la resistencia, cartas y mensajes de los prisioneros, y recogía medicinas para llevar al campo. Su salud era a menudo pésima, y una de sus licencias la pasó en el hospital de Amsterdam. La última parte del diario fue escrita después del primer mes en prisión en el campo de Westerbork.

Desde una ventanilla del tren arrojó una postal que fue recogida y enviada por los campesinos "hemos dejado el campo cantando". Un informe de la Cruz Roja afirma que Etty murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943. Ahí murieron también sus padres y su hermano Mischa. Su hermano Jaap, que había sobrevivido, murió mientras retornaba a Holanda.

Los diarios de Etty fueron presentados recién el 1º de octubre de 1981, o sea 38 años después de su muerte.

Etty, lúcida como siempre, sentía que no volvería, y había pedido a su amiga María Tuinzing que conservara sus diarios y darlos a conocer luego de que la guerra hubiese terminado, a Klaas Smelik y a su hija Johanna. Klaas Smelik era el único escritor que conocía, y esperaba que él le habría de encontrar un editor.

Algunos párrafos:

18 de mayo de 1942
“(…) Las amenazas y el terror crecen día a día. Me cobijo entorno a la oración como un muro oscuro que ofrece reparo, me refugio en la oración como si fuera la celda de un convento; ni salgo, tan recogida, concentrada y fuerte estoy. Este retirarme en la celda cerrada de la oración, se vuelve para mí una realidad siempre más grande, y también un hecho siempre más objetivo. La concentración interna construye altos muros entre los cuales me reencuentro yo misma y mi totalidad, lejos de todas las distracciones. Y podré imaginarme un tiempo en el cual estaré arrodillada por días y días, hasta no sentir los muros alrededor, lo que me impedirá destruirme, perderme y arruinarme.”

12 de junio de 1942
“Viernes (…) Y ahora parece que los judíos no podrán más entrar en los negocios de fruta y verdura, que deberán entregar sus bicicletas, que no podrán subir más a los tranvías ni salir de la casa después de las 8 de la noche.
Sí, me siento deprimida por estas disposiciones; esta mañana, por un momento, las he advertido como una amenaza plomiza, que buscaba sofocarme, pero no es por la disposición en sí. Me siento simplemente muy triste, y entonces esta tristeza busca confirmación. No son nunca las circunstancias exteriores, es siempre el sentimiento interior –depresión, inseguridad, etc.– que da a estas circunstancias una apariencia triste o amenazante. En mi caso, funciona siempre del interior al exterior, nunca viceversa. A menudo las disposiciones más amenazadoras –y son muchas actualmente– van a quebrarse contra mi seguridad y confianza interior, y una vez resuelta dentro de mí, perdono mucho de su carga temerosa.”

3 de julio de 1943, Westerbork
“Jopie, Klaas, mis queridos amigos:
Desde mi cucheta que es la tercera en alto, quiero rápidamente desencadenar una verdadera orgía de cartas, dentro de pocos días tendremos un límite a toda nuestra correspondencia, yo me volveré oficialmente "residente en el campo" y podré mandar sólo una carta cada 2 semanas y deberé entregarla abierta. Y hay todavía algunas cosas de las cuales quiero hablar con Uds. ¿Es cierto que he escrito una carta tan desalentadora? Casi no llego a creerlo. Es cierto que hay momentos en que uno cree verdaderamente no poder seguir más adelante. Pero después siempre se va adelante, también esto se aprende con el tiempo; pero el paisaje que tenemos alrededor aparece de improviso mutado, el cielo se vuelve bajo y negro, nuestro modo de sentir la vida sufre grandes mutaciones y nuestro corazón se vuelve completamente gris y milenario. Pero no es siempre así. Un ser humano es una cosa bien singular. La miseria que reina aquí es verdaderamente indescriptible. En las grandes barracas se vive como topos en una cloaca.”


En esta página

Otros artículos

En Revista Nº 17
La historia, sueños, y cómo veía el mundo una niña de 12 años que sobrevivió a 5 campos de concentración.
En Revista Nº 17
A los 18 años fue llevado a un campo y su madre le hizo prometer que sobreviviría para contarlo. Escapó de la fila, y no volvío a ver a su familia.
En Revista Nº 16
La complejidad de conservar y reconstruir la memoria frente a la poderosa maquinaria nazi y luego las maniobras políticas internacionales; los diarios personales y los archivos secretos en los ghettos.