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De esto
contareis a vuestros hijos...
La Marcha por la Vida 2000 tuvo lugar este año el 2 de mayo, el 27 de Nissan, conmemorado en todo el mundo judío como Iom Hashoah, Dia del Recuerdo del Holocausto. En este día, cerca de 7.000 personas marcharon en silencio conmovedor a lo largo de los tres kilómetros que separan Auschwitz de Birkenau. Fue un emotivo tributo a todas las víctimas del Holocausto y en memoria de los cientos de miles de judíos forzados por los Nazis a cruzar vastas distancias de territorio europeo bajo condiciones infrahumanas, conocidas como las "marchas de la muerte".
Desde la primera Marcha por la Vida, que se hizo en 1988, más de 30.000 jóvenes de todo el mundo participaron de este homenaje y recuerdo. La Marcha 2000 culminó con un acto que tuvo lugar en las ruinas de Birkenau, del que participaron el presidente de Israel Ezer Weizman; el presidente de Polonia, Aleksander Kwasniewski; el Gran Rabino de Israel, y sobreviviente, Ysrael Meir Lau, y cerró la ceremonia el presidente de Marcha por la Vida, Abraham Hirchson. La Sociedad Hebraica Argentina y la Fundación Memoria del Holocausto auspiciaron la asistencia argentina de la que participaron 30 adultos y 30 jóvenes. ¿Cómo describir las emociones sentidas al pisar suelo polaco, aquel que tuvieron que dejar nuestros ancestros años atrás, perseguidos por la discriminación, el hambre y el antisemitismo? Aquel suelo al que ellos mismos, nuestros abuelos, tíos, primos, regresaron muchos años después en vagones, cual ganado, hacinados junto a cientos, miles de congéneres. Y después, enfrentarnos a las paredes del ghetto de Varsovia, y recordar que era meramente una antesala al infierno, a las cámaras de gas, o a largos años de duros e infrahumanos trabajos esclavos, en el mejor de los casos. Creemos que Marcha por la Vida es una asignatura pendiente para cada judío; no necesariamente dolorosa, sino algo que nos depara una gran paz y nos proporciona un sentimiento de haber honrado y recordado a nuestros seres queridos al haber pisado la tierra en la que quedaron sus sueños e ilusiones. Es con gran fuerza y vigor que podemos decir: Los nazis ya no están, y nosotros, sí, marchando orgullosamente en las tierras que ellos tiñeron de sangre. Aunque aun se encuentren focos neo-nazis, aquel nazismo ya fue exterminado, y nosotros estamos aquí para evitar que se repita. (Evelyn Blumenthal y Elias Meta)
Otros compañeros de Marcha 2000 relatan a continuación sus sentimientos al visitar la fosa común de Tecocyn, o quizás Treblinka, ahora casi totalmente parquizado, con algunos monumentos recordatorios, o también la Marcha desde Auschwitz a Birkenau, en recogido silencio, terminando el doloroso recorrido en Majdanek, que aún mantiene casi intacta su maquinaria de la muerte. Ernesto Brodschi, uno de los 30 adultos que participaron de esta única experiencia, rescató un significativo pasaje de la Biblia que parece haber sido escrito hace miles de años para el holocausto del siglo XX: "Oíd esto, ancianos, y escuchad/todos los moradores de la tierra/¿Ha acontecido esto en vuestros días/o en los días de vuestros padres?/De esto contaréis a vuestros hijos/Y vuestros hijos a la otra generación". Ernesto dice que probablemente deberíamos contar acerca de todos los lugares que estuvimos, de todo lo que aprendimos, "Pero entiendo que lo más importante es el día de la Marcha por la Vida. Creo que ahí está la esencia del viaje. Había entre 6000 y 7000 judíos, en su inmensa mayoría menores de 20 años, de 54 nacionalidades diferentes marchando de ocho en ocho, codo a codo. La marcha es de aproximadamente 3 kilómetros ... pero sentir la emoción de pararse en la parte más alta de la ruta y mirar para la derecha y para la izquierda y ver una fila interminable de jóvenes y adultos vestidos con una misma campera azul y agitando una única bandera, la bandera de Israel, eso no soy capaz de transmitirlo. Así como tampoco soy capaz de transmitir la carga de electricidad que había en el lugar del acto cuando se escucharon las palabras del rabino Israelí Yisrael Meir Lau, él también sobreviviente del holocausto, cuando dijo que era una venganza para Menguele y Eichman el hecho de la sola presencia de 7000 jóvenes judíos 55 años después en ese mismo lugar." Por su parte, Israel Goldblit, platense nacido en Varsovia, siente que partir ya fue importante, porque "Casi no nos conocíamos pero sentíamos que nuestras historias nos vinculaban. Ibamos en la búsqueda de nuestras raíces ... (y) sentí pena por las cosas que pasaron y por las que no pasaron. Imaginé, por ejemplo, que si no hubiese existido semejante locura, yo hubiese podido jugar de chico en esa casa, en esa calle, en ese barrio. Pero como imperó la locura ... el niño que fui, con seis meses de vida y gracias a la intuición de mi padre, cruzó el Océano y debió crecer en otra casa, jugar en otra vereda, soñar, mirando otro cielo." Y, a su vez, Samy Sztrajchsztejn, desde la vecina ciudad de Montevideo, nos dice que "Parte de los sueños que siempre tuve los pude cumplir, pisar el mismo suelo y las mismas calles del pueblo de mis ancestros. Ver en este viaje la inconmensurable belleza de la campiña polaca ... pero también ver la otra cara. Los campos donde ya hace tiempo fueron sembrados, pero de terror y muerte, donde lo humano fue totalmente denigrado. (Pude, también) observar con mis propios ojos, lo que fue ese horror del pasado, La maquinaria de la muerte, pero también recordar que aquí en estas tierras del Sur de América, no hace mucho tiempo, padecimos situaciones muy parecidas y hubo gente que miró para el otro lado, porque a ellos no les tocaba. Como dice un gran historiador contemporáneo uruguayo, el profesor Gerardo Caetano: la historia es como el espejo retrovisor de un automóvil: al mirar por él vemos el pasado, para poder guiarnos como seguir el camino del presente y del futuro. Otra compañera de este significativo viaje, Inés Hercovich, se sintió "sometida sin respiro a una emoción tras otra, a menudo fui presa de un estado de analgesia que me hacía olvidar dónde estaba ... El valor que el recogimiento tiene para la conciencia se me hizo patente cuando, ante una tumba colectiva en un bosque, bajo la luz del sol desflecándose entre los árboles, uno de nosotros dijera Kadish, todos lloráramos al unísono y nuestras lágrimas multiplicaran la quietud. Ahí comprendí que no hay conciencia más aguda que la conciencia cobrada en el silencio compartido. Tal vez por casualidad, el hecho que haya sucedido la misma mañana en que se informara que 1750 niños menores de 3 años mueren por día de hambre en Somalía (estas noticias se escuchan de otra manera en Polonia). Bendito azar que me llevó a pensar que tampoco hay memoria más valiosa que la memoria del presente cuando ésta nos hace encender una vela con una mano y ofrecer la otra mano a quienes hoy mismo están siendo arrancados de su tierra o de la vida". Benjamín Guz, con sus raíces en Lituania, conmovido relata que "cuando decidí acompañar Marcha por la Vida ... lo hice para ver con mis propios ojos los lugares donde se consumaron esas masacres. Lo hice a modo de asignatura espiritual pendiente, y como homenaje a mis congéneres del pueblo judío, del que me siento plena y orgullosamente identificado. Planté en Auschwitz y en Vilna un retoño de planta en flor en nombre de mis padres, por sus familiares y sus conocidos que dejaron en los pueblitos de Lituania donde nacieron y de los que jamás supieron nada; sólo que la barbarie nazi los asesinó con su odio antisemita y su irracionalidad inhumana. Benjamín recuerda que "en momentos que nuestra caravana desfiló desde Birkenau hacia Auschwitz, todo mi ser se compenetró en las estrofas aprendidas desde mi infancia, del himno de los partisanos que recita: "nunca digas que esta senda es la final", y nosotros, que marchamos con vida, en su homenaje, con banderas de Israel que nos enorgullecían ... mostramos a vecinos del campo, a polacos, sorprendidos, y por distintos medios de comunicación al mundo entero, que marchamos por nuestra memoria y porque nunca más nos permitiremos semejante oprobio". Guz se compromete a "no olvidar, y transmitir a quienes rehuyen el tema del Holocausto, que debemos estar muy alertas a cualquier insinuación de reivindicarlo. Sólo así haremos valer nuestro Nunca Más. Transmitiéndolo y estando siempre atentos". Para Eduardo y Viviana Brukman "encarar un viaje de estas características no es cosa de todos los días. En nuestra familia el tema de la Shoá está presente y elaborado junto a nuestros hijos con la intención de encender en ellos la necesidad de continuar con la tradición de transmitir esta barbarie que nos tocó vivir al pueblo judío al que pertenecemos todos nosotros, con la convicción de que esto garantizará que no se vuelvan a repetir semejantes hechos. Por ello es que quisimos "marchar por la vida", venciendo los miedos y angustias personales ... (y) nos vimos enriquecidos, ya que siendo hijos de sobrevivientes, tuvimos la dicha de viajar junto a ellos y recorrer los lugares en que vivieron, estudiaron, rezaron y jugaron en su niñez. Vimos sitios impregnados de cultura judía de varios siglos atrás. Fue muy fuerte y emotivo habernos encontrado con una amiga del colegio de papá, a quien había dejado de ver hace 60 años cuando tuvieron que escaparse del pueblo en el que vivían. Ella había sido la única polaca no judía, que había contestado sus cartas que le enviara desde Siberia. Gracias a ella, no regresó al pueblo, puesto que los que regresaron fueron asesinados. Esta experiencia nos dejó ver que en medio de tanto odio y tanta maldad también podemos encontrar gestos de bondad, y aún de la tristeza puede emerger la alegría y la fuerza de continuar luchando por la vida". Eduardo y Vivi Brukman agregan que "Era imposible imaginar que ese viaje al "horror" iba a despertar en nosotros los más variados sentimientos, pero por sobre todas las cosas, nunca imaginamos que en algún momento íbamos a sentir alegría en medio de tanta tristeza. Alegría de ver a tantos jóvenes judíos cantar en aquellos lugares donde vivieron, respiraron, y se desarrollaron nuestros familiares en Polonia .... Esto hacía resurgir en nosotros la fuerza y el regocijo de pertenecer al pueblo judío, que a pesar de tantas penurias continúa existiendo: "Am Israel jai be kaiam". |
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