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16 > Artículo
La actitud del
gobierno de Vichy hacia los judíos
Prof.
Abraham Huberman
La política
del gobierno títere de Vichy en Francia hacia los judíos
durante la guerra, y las razones de "profilaxis nacional" que
argumentaban para la deportación.
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| Monumento
en memoria de los 80.000 judíos deportados de Francia, rodeado
de un bosque de 80.000 árboles (Moshav Roglit, cerca de Jerusalem). |
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Pierre Laval, un traidor a su país
Pierre Laval, (1883-1945) Ministro de Asuntos Exteriores
del gobierno títere de Vichy, Francia durante la ocupación
alemana. Fue juzgado por alta traición y ejecutado. Comenzó
su carrera dentro del Partido Socialista francés, para abandonarlo
en 1920, después de finalizada la Primera Guerra Mundial.
Ocupó diversos cargos políticos, siendo
Primer Ministro en 1931 y en 1935. También fue designado Ministro
de Relaciones Exteriores. Producida la derrota de Francia en 1940, integró
el gabinete del mariscal Petain. Desde el comienzo del régimen
de Vichy liderado por Petain se destacó como entusiasta
partidario de la colaboración con la Alemania nazi, pues estaba
seguro que ya había ganado la guerra frente a todas las pruebas
en contrario.
Por esa razón, si Francia quería sobrevivir
como nación, debía alinearse junto con los vencedores, es
decir, con Alemania e Italia. No era una excepción. Muchos pensaban
así en Francia a comienzos de los años cuarenta. Más
aún, sostenían que había sido un gravísimo
error enfrentarse a Alemania, alineándose junto a Inglaterra y
otras naciones que querían defender el régimen democrático.
Para Laval y otros como él, el fascismo y sus principios debían
ser la guía. Si no lo hicieron, fue porque
los judíos
lo impidieron, creando un clima propicio para la desintegración
que trajo como resultado la derrota de Francia.
Por esa razón, los judíos debían
pagar la cuenta porque eran directamente responsables. No fue la
desastrosa conducción del ejército francés, la debilidad
de los gobiernos que pactaron con Hitler (Munich, 1938), entregándole
a Hitler una región de Checoslovaquia, con la complicidad del gobierno
inglés, presidido por Chamberlain. Apenas constituido el gobierno
colaboracionista en agosto de 1940, derogó el decreto Marchandeux
de 1938, que prohibía y penalizaba la incitación al odio
racial y religioso. Ahora, hacer eso era legítimo. Lo original
fue que, esa iniciativa, así como el Estatuto de los Judíos
que salió en octubre de ese año y luego ampliado en 1941,
fue una exclusiva iniciativa francesa.
A los alemanes les resultaba mucho más cómodo
que fueran las autoridades francesas las que emitieran leyes antijudías.
Luego, ellos las ejecutarían. Al principio, todo el peso de la
acusación recayó sobre los inmigrantes judíos y luego
sobre todos los demás. Es interesante destacar que Laval se basó,
para justificar sus medidas antijudías, en la prohibición
vigente en los Estados Unidos al ingreso de judíos.
Después de todo, la mayor democracia del
mundo hace lo mismo que nosotros
Por lo tanto, ya no era suficiente con encerrar en
campos de concentración a los inmigrantes judíos, tal como
hicieron al principio, incluyendo entre los internados a muchos que se
habían presentado como voluntarios para luchar contra Alemania,
sino que era necesario deportarlos a sus países de origen en el
Este, pues constituyen una amenaza terrible para el orden.
La deportación significaba Auschwitz, la muerte.
Al finalizar la guerra, huyó a España,
desde donde fue extraditado. Sometido a juicio, fue condenado como traidor
a Francia, siendo fusilado en octubre de 1945.
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Sobre la deportación
de los judíos de Francia
Traducción: Myriam Kesler
Telegrama despachado por Pierre Laval, el 30
de setiembre de 1942, a todas las embajadas francesas.
Las medidas que la preocupación
por nuestra propia protección nos obliga a tomar contra los
judíos, originan comentarios maliciosos y fábulas
calumniosas que no hemos de dejar sin réplica. Al instruir
a Uds. sobre las razones y el alcance de dichas medidas, los datos
que siguen os permitirán contrarrestar los ataques de una
intriga dispuesta a no retroceder ante ninguna maniobra con tal
de desfigurar nuestras intenciones y nuestros actos.
La campaña de 1940 hizo afluir en los
territorios nuestros que se habían salvado de la invasión,
a gran parte de los israelitas establecidos no solamente en la zona
ocupada, sino también en los Países Bajos, en Bélgica
y en Luxemburgo. Este flujo trastornó profundamente el equilibrio
demográfico de una región que sumando ya numerosos
judíos procedentes de Europa Central desde 1930 vio
repentinamente crecer la población de origen hebreo hasta
un porcentaje excesivo.
En el seno de esta masa heterogénea, los
apátridas constituyen un elemento claramente peligroso. Deprimidos
por las tribulaciones sufridas, estos desarraigados, agrupados en
núcleos compactos o bien dispersos en el país, permanecen
al margen de la economía sana, viviendo únicamente
de ilícitos. Accesibles a los impulsos de una propaganda
perniciosa, ellos son todos factores de desmoralización y
discordia y aun de disturbios. Los poderes públicos faltarían
a sus deberes si se mostraran indiferentes ante una amenaza tan
temible para el orden. Los poderes públicos llegaron pues
al convencimiento de que la única manera de conjurar el peligro
era repatriar estos individuos al Este de Europa, su lugar de origen.
El movimiento ha empezado. Se lleva a cabo por
familias, vale decir, los niños menores con sus padres, excepto
si éstos prefieren partir solos. Ajeno a todo pensamiento
oculto doctrinal e inspirado únicamente en la preocupación
por la profilaxis nacional, sólo tiende a liberar nuestro
suelo de la presencia de inmigrantes que se han introducido en él
en demasía en el transcurso de los últimos años.
Este operativo no lleva bajo ningún concepto
el carácter de una persecusión. El asunto, además,
atañe únicamente a nuestra soberanía. No vamos
a tolerar injerencia en este terreno. Asimismo, los intentos de
inmiscuirse de tal modo, proceden de países que no nos ahorran
ni sermones ni críticas pero limitando su contribución
a estos reproches siguen cerrando sus puertas a la inmigración
hebrea. Entre ellos, por ejemplo, los Estados Unidos, que buscan
ocultar su posición evasiva con el pretexto que ellos mismos
ya alcanzaron hace mucho el punto de rechazo en esta materia.
Esta es la finalidad de las medidas tomadas hacia
los judíos apátridas. En cuanto a los judíos
franceses, quedan sencillamente sometidos a las incapacidades de
que son pasibles por las leyes vigentes.
* Páginas 455 y 456 de
los archivos del Ministerio de Asuntos Extranjeros de Francia (ref.
C 139).
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