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El Holocausto: ahora comienza la resistencia Dr. Juan Antonio
Travieso El shock emocional y racional al profundizar en el Holocausto, la responsabilidad de los burócratas en la crueldad nazi, y el valor de una educación en contra de la "obediencia debida". Resulta muy positivo poder compartir las experiencias abiertas con generosidad en Yad Vashem y la Universidad Hebrea de Jerusalén. Un programa académico estrictamente cumplido y una suma de enfoques diversos, casi como una tomografía del Holocausto. Es también indicado y justo expresar la calidad y la calidez personal de todos y cada uno de los que hicieron posible un encuentro científico de tal importancia y profundidad acerca del Holocausto. En esta expresión incluyo a los amigos de Argentina y de Israel. Expresar lo dicho es una condición necesaria, pero no suficiente para compartir lo que verdaderamente pasó por mi mente y por mi cuerpo en Israel. Debo reconocer que, cuando se nos propuso este trabajo, de inmediato sentí que encaraba una tarea casi imposible por la dimensión de las actividades realizadas, su variedad y profundidad. Eso quiere decir que hay distintas reflexiones que uno puede expresar más en el carácter de persona que en el de profesor universitario. Se trata de caminar por la cornisa universal del Holocausto con la imaginación aterrada por la realidad. Un plus de las reflexiones son las sensaciones. Un mundo estrellado de voces de niños, personas con nombre y apellido que han sido sometidas a humillaciones, crímenes y exterminio. Unos pocos sobrevivientes que expresan lo inexpresable. Niños escondidos en pozos en los guetos, niños que eligen el amor antes que la vida. Aman a sus padres y se dirigen juntos al fin. Quedan las últimas imágenes de amor y entrega. Hombres y mujeres que, más allá de sus naciones, creencias o temores se hermanan con otros hombres y mujeres y los protegen y amparan aún con riesgo de su propia vida. No es la actitud fácil del que está a salvo, del sálvese quien pueda. Son los Justos de las Naciones, aquéllos cuyos nombres infunden esa dosis de optimismo en el género humano que habíamos perdido. Nos da envidia y sentimiento de emulación. ¿Podremos hacer algo similar? Es muy fácil escribir estas líneas con la seguridad de que no nos van a derribar la puerta para llevarnos a un campo de concentración. Variedad de sensaciones que configuran el escenario de la imaginación aterrada. Esas sensaciones: la de un vagón del campo de concentración que está a punto de caer al vacío y que en realidad ya cayó espiritualmente en el Parque de Yad Vashem. La del horror de la muerte y los partos ocultos de los guetos. Las noches transparentes de Jerusalén, con sus sombras sobre el Valle de las Comunidades exterminadas. El recuerdo de Tesalónica, una comunidad y un pueblo minuciosamente aniquilados, con el propósito de borrarlos de la historia. Las sombras dejan ver un halo de luz en Yad Vashem que supera la transparencia de una Jerusalén extraña con palmeras nevadas. Sombras en Austria que traen gestos crispados y expresiones de intolerancia, antisemitismo y nazismo. Luz en Yad Vashem reflejada en un monumento expresivo: El maestro con sus niños, todos con la misma dimensión. Janusz Korczak, un paradigma del que se inmola por sus creencias. En un mundo descreído de valores, nos repiquetea la imagen del maestro que no duda ni un instante en subir a los trenes con los huérfanos para protegerlos hasta el minuto final. Korczak es un universo nuevo al que accedemos desde la emoción. Desde la razón pudimos visualizar el universo de las relaciones sociales y el mundo de la mujer judía en los campos de concentración que agregaba a su secular discriminación las humillaciones del nazismo. En su condición de mujer que además de trabajar debía cuidar a los niños y de la escasez limitada a la supervivencia que es un pleonasmo llamar economía familiar. Por eso, las experiencias que podemos transmitir, dentro de la limitación del lenguaje, constituyen imágenes y sensaciones personales que superan una experiencia académica. Reflexionamos sobre la actitud de los jueces y abogados que aplicaban las leyes de Nürenberg en 1938. Aplicaban la ley, porque para eso habían sido entrenados. Es el otro aspecto del Holocausto que resalta la particular necesidad de jueces democráticos en la sociedad democrática. Así se presentaba la realidad. Por una parte, la de aquéllos que luchaban por una supervivencia en los ghettos, casi al borde de los imposibles, en los límites de dilemas éticos. Pero al mismo tiempo, han quedado fuera del juicio y necesario castigo, todos los que por omisión permitieron que creciera y se desarrollara el monstruo del nazismo. Burócratas desapasionados que cumplían con la ley y cuidaban con precisión insobornable que las normas se aplicaran minuciosamente y los trenes fueran completos de judíos a los campos de exterminio. Burócratas honestos que verificaban que el gasto de combustible de los trenes fuera el exacto de acuerdo con el trayecto recorrido. Mientras planteamos dilemas éticos para los que tuvieron la osadía de sobrevivir, pasan desapercibidos esos burócratas sin los cuales no hubiera sido posible el Holocausto. Esas personas que hoy transitan por una vejez agradecida con el calor de sus hijos y nietos ignorantes o hipócritas del pasado. Esas personas que están escondidas en los repliegues de la historia, justificando su inacción en la obediencia a la que no se hallaban obligados. En el fondo y quizás en la superficie además de cumplir con las ordenes inexorables de burócratas, estaban convencidos de ser nazis. La historia los ha dejado atrás y hoy quizás cuando escuchan voces de Austria es probable que sientan una suerte de nostalgia. Algunos se ocultaron en su anonimato, pero en realidad son tan culpables como Eichmann o Hitler. Ése es el mensaje que he recibido en Israel y considero que la transmisión docente de ese valor, es el de la no existencia de órdenes incontrarrestables, el de la indebida obediencia debida. Un paso más allá será el de compartir con los jóvenes que la lucha contra el nazismo no ha terminado. Más aún, la resistencia comienza todos los días. El Dr. Juan Antonio Travieso, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, UBA, integró el grupo de 11 académicos participantes del Seminario en Yad Vashem, Jerusalem - Enero 2000; patrocinado por FMH y auspiciado por Claims Conference. |
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