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El antijudaísmo de Hegel, Kant y Voltaire Samuel Salzborn Facetas antijudías y racistas de grandes pensadores de la filosofía, en una disociación llevada al extremo por los nazis: alto refinamiento cultural y racionalidad; y por otro lado, ideas retrógradas, irracionales y destructivas.
Antisemitas son siempre los otros. Por ejemplo Houston
Stewart Chamberlain, en su calidad de precursor del pensamiento nazi,
o Joseph Arthur, Conde de Gobineau, en la misma función. Hoy nadie
podría negar en serio el pensamiento racista y antisemita de estos
hombres ni su influencia en la ideología nacionalsocialista. Como
sus escritos ya han sido objeto de numerosos análisis, su influencia
en el nacionalsocialismo ha sido vastamente dilucidada, y por consiguiente,
los orígenes de algunos aspectos de la ideología nacionalsocialista
se han remontado al siglo anterior. ¿Pero qué hubo antes?
Del siglo XVIII y principios del XIX perduran hasta el presente grandes
nombres como los de Immanuel Kant, Georg Wilhelm Friedrich Hegel o François
Marie Arouet Voltaire. Sus obras siguen teniendo cuantiosas ediciones,
y casi no hay sermón dominguero que no contenga una cita de ellos.
Los nombres de estos filósofos, finalmente, son una garantía
de pensamiento crítico e ilustrado.
Pero, y así lo demuestra un trabajo de la politóloga
Gudrun Hentges recién publicado, también los hombres de
la Ilustración fueron antisemitas. El antisemitismo y el racismo
se encuentran en los proyectos filosóficos del siglo XVIII y comienzos
del XIX, y por cierto no sólo en los escritos nacionalistas de
Fichte. Así se lee por ejemplo en Kant: «En los países
tórridos el hombre madura antes en todos los aspectos, pero no
alcanza la perfección de las zonas templadas. El género
humano en su expresión más perfecta se manifiesta en la
raza blanca. Los indios amarillos poseen un exiguo talento. Los negros
tienen un nivel aún más bajo, y el más bajo de todos
es el de una parte de la población americana». Sobre los
habitantes de las «zonas templadas» Kant escribe además
que estos son « más hermosos físicamente, más
trabajadores, más alegres, más moderados en sus pasiones
y más inteligentes que ninguna otra raza humana en el mundo».
Estas concesiones racistas de atributos y su localización geográfica
culminan en Kant con la afirmación de un «carácter
innato, natural» que existe «en la composición de la
sangre de los seres humanos» y que se diferencia de «las características
adquiridas, artificiales, de las nacionalidades». Hegel sostiene
una conjetura muy similar cuando escribe: «La Fisiología
diferencia en primer término las razas caucásica, etiópica
y mongólica, a las que se agregan aún las razas malaya y
americana.» Para la caracterización de las «razas»
Hegel recurre a métodos anatómicos de medición del
cráneo, en los que serían particularmente significativos,
para la clasificación de las razas, la «gran prominencia
de los pómulos» así como la «convexidad y anchura
de la frente». Voltaire va más lejos aún y traza un
«carácter judío», al cual le atribuye, como
«comportamiento judío», la ignorancia, el lenguaje
bárbaro, el odio hacia otros pueblos, la crueldad, el canibalismo
y diferentes perversiones sexuales: «Observamos a los judíos
con la misma mirada con la que miramos a los negros, o sea, como a una
raza humana inferior.» A continuación les echa en cara: «Sois
fieras calculadoras; procurad transformaros en fieras pensantes».
Kant imputa a los judíos incluso un odio a toda
la humanidad cuando afirma que el pueblo judío, «en su condición
de pueblo especialmente elegido por Jehová, de pueblo que hostiga
a todos los otros pueblos y es por eso hostigado por todos, excluyó
de su colectividad a la totalidad del género humano». En
este contexto no es para asombrarse que el ya mencionado Chamberlain haya
distinguido a Kant, quien también le atribuye a los judíos
la característica de contar con la «habilidad para engañar
a los demás», citándolo al comienzo de uno de los
capítulos de su obra de neta orientación racista Fundamentos
del siglo diecinueve. Y, como Hentges destaca, hasta los nacionalsocialistas
alabaron al ilustrado Kant, y ponderaron su «comprensión,
adquirida a través de la reflexión», que habría
sido un precedente del concepto nacionalsocialista de raza. De este modo,
representantes fundamentales de la Ilustración parecen arrastrar
detrás de sí sombras de racismo y antisemitismo que hacen
necesaria una nueva formulación de la pregunta por las relaciones
entre emancipación y barbarie. Gudrun Hentges. Schattenseiten der
Aufklärung. Die Darstellung von Juden und «Wilden» in
philosophischen Schriften des 18.und 19. Jahrhunderts [El lado oscuro
de la Ilustración. La representación del judío y
el «salvaje» en las obras filosóficas de los siglos
XVIII y XIX]. Schwalbach/Ts.: Wochenschau Verlag, 1999, 298 pp.
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